El rico suelo arenoso que se encuentra dentro de las costas de Holanda, es ideal para el cultivo de tulipanes. Haarlem, segunda ciudad de los Países Bajos, está ubicada en el centro de esa región y las personas con dinero se dieron cuenta que la demanda comercial de tulipanes crecía.
Así comienza la historia de esta flor en los Países Bajos. A partir de allí, empezaron a establecerse viveros a lo largo del país, ya que todos incursionaban en la actividad.
Los tulipanes eran portadores de un enigma. Una simple flor monocromática podía transformarse en un llamativo tulipán multicolor. Nadie sabía cómo ocurría, pero sucedía, y así apareció el factor rareza... Pero luego de este apogeo, llegaría el caos.
En 1630 se vivía una época de prosperidad. La plantación de tulipanes era uno de los cultivos principales y se rumoreaba que era una forma fácil de ganar dinero.
La pequeña ciudad de Hoom era próspera debido a sus contactos marítimos con Oriente y la Compañía de las Indias Orientales.
Durante el verano de 1633, esto se acrecentó cuando un importante tulipán se entregó a cambio de tres particulares tulipanes multicolores. Con nombres especiales estas variedades alcanzaron precios increíbles mientras su costo aumentaba de diez a veinte veces su precio original.
Sin embargo, nadie lograba averiguar porqué la apariencia de algunos tulipanes cambiaba de esa manera y, aunque el botánico Clusius había aportado el enigma, nadie lograba resolverlo.
Pero a medida que aumentaban los catálogos de flores, pintados con acuarela, aumentaba el precio de los tulipanes. Esta especie de obsesión tendría un final catastrófico.
En 1637 el mercado alcanzó su apogeo en la ciudad de Alkmaar. Un hombre de aquí, Winkel, poseía una colección de tulipanes nada comunes pero, ras su repentina muerte, sus siete pequeños hijos fueron puestos al cuidado del orfanato de la ciudad. Era necesario tomar medidas antes que los tulipanes fueran robados y que los niños desaparecieran. Para asegurar el futuro de los niños, los directivos del orfanato decidieron subastar la colección de tulipanes de Winkel.
Esa mañana las calles estaban abarrotadas y los comerciantes se dirigían al lugar de la subasta. Los registros, que relatan la increíble historia, aún existen. Los 99 lotes vendidos alcanzaron la suma de 90.000 florines que, actualmente, equivaldrían a 10 millones de dólares.
La subasta se realizó justo a tiempo ya que, al día siguiente, 500 gramos de bulbos de una de las variedades fueron puestos a la venta en 1.250 florines... y no se presentó ningún interesado.
La magia se había roto. El futuro económico de los siete huérfanos Winkel estaba asegurado pero los holandeses quedaban frente a una catástrofe.
La obsesión por los tulipanes había demorado seis años en alcanzar su punto máximo y seis días en derrumbarse.
Con el paso de los años, Holanda cambió su forma de encarar el comercio de los tulipanes y, a partir de allí, se colocó a la cabeza del mercado mundial.
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